«El espejo de piedra», estremecedor poema sobre el 2 de octubre

José Carlos Becerra (1936-1970) fue uno de los primeros poetas en denunciar la matanza del 2 de octubre a través de su poema «El espejo de piedra», texto que publicó  en el suplemento La cultura en México a tan solo un mes del crimen. En él señala: “y cuando intenten recoger esos fragmentos de ruido para contemplarse, / encontrarán en ellos solamente / a los muertos”.

Este poema es uno de los testimonios literarios más estremecedores sobre esta fecha histórica. Para conmemorar los 50 años del Movimiento Estudiantil de 1968 lo reproducimos a continuación:


El espejo de piedra

 

José Carlos Becerra

 

Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco,

Los cuchillos de jade hallaron su visaje ceremonial en boca de las ametralladoras.

Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco, Nuño de Guzmán oró ante Hitzilopochtli

y le ofreció el sacrificio.

 

Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco, descubrieron aterrados que otra vez existía ese país,

aquel que ellos creyeron sepultado

bajo jade y las plumas y los estípites y los palacios de Adamo Boari y los desayunos en Sanborn´s,

de su oportuna y mestiza retórica.

 

Detrás de la iglesia de Santiago-Tlateloloc, treinta años de paz más otros treinta años de paz,

más todo el acero y el cemento empleados en construir la escenografía para las fiestas del fantasmagórico país,

más todos los discursos,

salieron por boca de las ametralladoras.

 

Lava extendiéndose para borrar lo que iba tocando, lo que iba haciendo suyo,

para traerlo a la piedra del ídolo nuevamente.

 

¿Pero lo trajo de nuevo a la piedra del ídolo?

¿Pero tantos y tantos muertos por la lava de otros treinta años de paz,

terminarán en la paz digestiva e Huitzilopochtli.

 

Se llevaron los muertos a quién sabe dónde.

Llenaron de estudiantes las cárceles de la ciudad.

Pero al jade y a las plumas y al estofado de los estípites y a los nuevos palacios que ya no construyó Boari, y a los desayunos en Sanborn´s,

Se les rompió por fin el discurso.

Y cuando intenten recoger esos fragmentos de ruido para contemplarse,

encontrarán en ellos solamente

a los muertos hablándoles.

 

A treinta años de paz —como otros treinta años de paz—,

Más todo el acero y cemento empleados en inventar la sombra de un país,

Más a todos los discursos y los planes de negocios dulcemente empapados

Por el olor de los desayunos en Sanborn´s,

Se les rompió, de pronto, el espejo.

 

Se apostaron como siempre detrás de una iglesia,

poco importa si laica o religiosa,

y otras “Noches” y otras “Matanzas”,

vinieron en ayuda de ellos.

 

En la Plaza de las Tres Culturas,

el “Cacique gordo de Zempoala” y don Nuño de Guzmán y el anciano general perfectamente empolvado,

descubrieron que en realidad eran uno solo, porque secretamente siempre

desearon parecerse a Limantour.

 

Después de haber desayunado juntos en Sanborn´s,

el “Cacique gordo de Zempoala” y don Nuño de Guzmán y el anciano general perfectamente empolvado,

En la Plaza de las Tres Culturas, escucharon

-ya uno de los últimos conciertos-

el vals Dios nunca muere.

 

(El otoño recorre las islas, Editorial Era, sexta reimpresión 2002)

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